Domingo, 17 de noviembre del 2019

Una marea verde invadió La Plata

La capital de la provincia de Buenos Aires fue literalmente invadida, en el marco del 34 Encuentro Plurinacional de Mujeres. Se estima que la marcha final, que concluyó en el Estadio Único de La Plata, contó con la presencia de más de 500 mil participantes.

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Por Silvio Vallejos*

El jueves último se observaron los primeros micros cargados de jóvenes que tenían como destino la Ciudad de La Plata, para asistir al 34 Encuentro Plurinacional de Mujeres. Pero recién el viernes por la tarde comenzó a llegar el grueso de las militantes, que coparían la Ciudad el sábado y protagonizarían el domingo, la marcha de mujeres más numerosas desde que se hizo el primer evento de estas características. 

Las jóvenes, acompañadas de banderas y remeras que reflejaban infinidad de consignas, atravesaron La Plata con paso firme, entonando canciones y clamando por igualdad de oportunidades, y justicia para las víctimas de femicidio. Alrededor de las 18 del domingo, aquellos cántos y el tradicional grito de guerra, se hicieron presentes en la marcha. 


"Aborto legal, en el hospital", cantaban en cada esquina, como una de sus consignas favoritas. Otro de los hits tuvo como destinatarios a los funcionarios del Ministerio de Justicia de la Provincia: “Qué momento, qué momento, a pesar de todo, les hicimos el encuentro”, en clara referencia a las dificultades que, con cada marcha, deben sortear a la hora de lidiar con la autoridades, en este caso, con representantes del Gobierno de María Eugenia Vidal, como el ministro de Seguridad de la Provincia, Cristian Ritondo. También se escucharon consignas más tradicionales como “Iglesia y Estado, asuntos separados” o “ya van a ver con nosotras no van a poder”. Tampoco faltaron las representantes del Frente de Todos que se hicieron presentes en multitudes y coreaban: "Cuanto les falta para entender, que no fue magia, nos conduce una mujer", refiriéndose a Cristina Fernández de Kirchner.  

A pesar de todo, incluso del clima, que amenazó seriamente algunas actividades y obligó a suspender la apertura, el Encuentro colmó ampliamente las expectativas de las organizadoras. Días antes, los hoteles y residencias turísticas estaban colmadas. Sin embargo, eso no amedrentó a la mayoría de las de las asistentes que, con bolsas de dormir y colchones inflables, se alojaron en clubes o en casas de compañeros y compañeras de militancia con residencia en la Ciudad.  


Durante 48 horas caminaron a sus anchas por las calles, transformaron en peatonales algunas de las arterias principales y se apropiaron de cuanto espacio público hubiera en el centro neurálgico de la Capital provincial. Los despistados, que no habían tomado nota del evento, veían sorprendidos el color de los cuerpos y las banderas, y miraban fascinados el baile de las jóvenes al ritmo de las batucadas, los gritos y los cantitos de cancha, que resonaban en los barrios céntricos de La Plata. Por momentos, se veían cruzar grupos de diez o veinte jóvenes saliendo de los bares, mientras tanto, otras cruzaban las calles o entraban en los locales abiertos. Para donde se alzara la vista, el panorama era similar y diverso al mismo tiempo. Rancheaban sentadas en círculos ayudándose con el maquillaje o simplemente se daban el gusto de tomar unos mates o descansaban para luego continuar con las caminatas a las que estaban obligadas, si procuraban visitar las comisiones organizadas en los salones y aulas de la Universidad Nacional de La Plata.

El domingo por la tarde, una vez cerrado el trabajo en las comisiones, comenzaron a concentrarse alrededor de la intersección de la diagonal 60 y la avenida 1, cerca de donde fue vista por última vez Johana Ramallo, la joven platense desaparecida hace casi dos años. Las militantes del Frente de Todos caminaron junto con la Comisión Organizadora del Encuentro, por la calle 54 hasta la Plaza San Martín donde se encontraron con las representantes del Frente de Inzquierda. Ambos grupos conformaron una columna sólida que se extendió por tres kilómetros aproximadamente, quizá la marcha más numerosa que se haya visto desde el primer encuentro. 


“Le pedimos a los medios de comunicación que no se distraigan con episodios menores, esta marcha refleja el trabajo de años, una lucha que para nosotras es importante porque además de los derechos por los que peleamos, en muchos casos, se va la vida de mujeres por la violencia ejercida por el patriarcado”, explicó Belén una de las tantas jóvenes preocupada a esas horas por si había algún tipo de represión o desmadre durante el Encuentro.  

Mariana, una militante feminista de Ramos Mejía, por su parte, cuestionó al Gobierno por la falta de presupuesto en el área y por la derechización de la política oficial, que expuso el presidente Mauricio Macri en sus últimas intervenciones públicas, donde cuestionó el aborto legal y gratuito. “La política oficial es una vergüenza, el Gobierno subejecuta las partidas y promueve una vuelta a una mirada conservadora con respecto al aborto. No es justo con nuestras historias, no es justo porque somos nosotras las que vemos en primera persona lo que implica el ajuste. Y no es justo por las miles de jóvenes que jamás encontrarán justicia porque sus muertes en quirófanos clandestinos ni siquiera quedan registradas en las estadísticas estatales”. 


Sonia, oriunda de la ciudad de Haedo, contó que muchas mujeres de clase media y alta, “acceden a clínicas privadas donde pueden hacerse un aborto, mientras tanto, las chicas más humildes no sólo no pueden denunciar abusos porque hay machismo en las comisarías, tampoco tienen el privilegio de abortar como aquellas que tienen recursos. Esas pibas tienen que hacerse cargo de sus hijos siendo ellas muy chicas. O corren el riesgo y asisten a una partera que en muchos casos termina lastimándolas de por vida. Si es que no mueren en el intento, en condiciones horribles”. 

La marcha terminó en el Estadio Único. Miles de mujeres de todas las edades desbordaron las calles de la Ciudad. Atrás quedó el vértigo de las comisiones, los micros y las caminatas eternas. La memoria colectiva guarda los colores que aportaron a través de las banderas de los pueblos originarios. Una decisión clave que motorizaron las organizadoras con el cambio del nombre del Encuentro que dejó de ser Nacional y pasó a llamarse Plurinacional de Mujeres para incluir a las asistentes de los pueblos que todavía sobreviven con su identidad. A esos matices le aportaron lo suyo las más jóvenes, con sus maquillajes y brillantinas. Ese fue apenas un costado del Encuentro, el otro, es fruto del estudio, la discusión y la militancia de miles de jóvenes que abordaron problemas como la desigualdad en el trabajo, la equidad de salarios, y sobre todo, la igualdad de oportunidades. 

*Periodista y editor de Punto G

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